En una hora cumplo 24 años. En estos días me he dado cuenta de que en el último año he aprendido más sobre mí misma que en mis 23 años previos. Ya perdí la cuenta de cuántas veces la vida me ha pasado por encima y me ha enviado al fondo del abismo. Y sin embargo, sigo aquí. Me he levantado, me he sacudido el polvo y he continuado hacia adelante. Me ha costado un montón de lágrimas y un sinfín de días tristes pero gracias a Dios, he tenido el valor de levantar la mirada y reconocer que la vida vale la pena.
Creo que uno de mis mayores logros ha sido ser capaz de responsabilizarme de mis sentimientos, decisiones y acciones. Algo de lo que estoy realmente orgullosa es haberme liberado del apego emocional que tenía con ciertas personas. Una decisión de la que jamás me arrepentiré es haber dejado de buscar la aprobación de otros. Reconocer que no necesito darle explicaciones a nadie y saber que yo puedo sentirme como se me dé la gana sin que otros tengan el derecho de criticarme me ha liberado de tanta carga emocional inútil. Una carga que ha sido muy pesada y que me ha limitado mucho en los últimos años.
Siempre he pensado que absolutamente todos tienen algo muy bueno que aportar a los demás. Sin embargo, ciertas personas son demasiado tóxicas. A veces, por mucho que se trate de ayudarlos, resulta imposible hacerlo. En esos casos, la mejor decisión es alejarse de ellos porque sino te pueden arrastrar a su infierno. He conocido un montón de estas personas y aunque les tengo aprecio, vivo mejor sin ellos.
Hoy, me he mirado en las fotos y me doy cuenta de cuán fingida es mi sonrisa. Contemplo mis ojos tristes y se me rompe el corazón. He emprendido un sinuoso y difícil camino para renovarme a mí misma. He logrado tanto en este último año y no quiero mirar hacia atrás. En este camino que voy recorriendo, paso a paso, con tropezones y caídas, intento ser feliz. Quiero disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, esas que son las más valiosas. Quiero sonreír con sinceridad. Quiero reír a carcajadas. Quiero creer en mí. Quiero ser yo. Porque aunque la vida es cuesta arriba, la vista es maravillosa. Y en la víspera de mi cumpleaños 24, recuerdo para nunca más olvidar que la vida es hoy.
Creo que uno de mis mayores logros ha sido ser capaz de responsabilizarme de mis sentimientos, decisiones y acciones. Algo de lo que estoy realmente orgullosa es haberme liberado del apego emocional que tenía con ciertas personas. Una decisión de la que jamás me arrepentiré es haber dejado de buscar la aprobación de otros. Reconocer que no necesito darle explicaciones a nadie y saber que yo puedo sentirme como se me dé la gana sin que otros tengan el derecho de criticarme me ha liberado de tanta carga emocional inútil. Una carga que ha sido muy pesada y que me ha limitado mucho en los últimos años.
Siempre he pensado que absolutamente todos tienen algo muy bueno que aportar a los demás. Sin embargo, ciertas personas son demasiado tóxicas. A veces, por mucho que se trate de ayudarlos, resulta imposible hacerlo. En esos casos, la mejor decisión es alejarse de ellos porque sino te pueden arrastrar a su infierno. He conocido un montón de estas personas y aunque les tengo aprecio, vivo mejor sin ellos.
Hoy, me he mirado en las fotos y me doy cuenta de cuán fingida es mi sonrisa. Contemplo mis ojos tristes y se me rompe el corazón. He emprendido un sinuoso y difícil camino para renovarme a mí misma. He logrado tanto en este último año y no quiero mirar hacia atrás. En este camino que voy recorriendo, paso a paso, con tropezones y caídas, intento ser feliz. Quiero disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, esas que son las más valiosas. Quiero sonreír con sinceridad. Quiero reír a carcajadas. Quiero creer en mí. Quiero ser yo. Porque aunque la vida es cuesta arriba, la vista es maravillosa. Y en la víspera de mi cumpleaños 24, recuerdo para nunca más olvidar que la vida es hoy.
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