En pocas horas tendré 25 años. Un cuarto de siglo. Y en los últimos días, no he dejado de pensar que la vida es un suspiro. Cada año enfrento nuevos retos y nuevas oportunidades. Los obstáculos han estado allí esperando para cerrarme el paso y las dificultades han intentado arrastrarme al abismo. Y a pesar de todo, he logrado seguir adelante. Incluso en los momentos más oscuros, Dios me ha guiado hacia la luz y mis amigos han estado allí para abrazarme y hacerme sentir que todo estaría bien.
¿Qué hice mientras tuve 24 años?
Arriesgué mi corazón y terminé desilusionada. Puse a prueba mis talentos y fui recompensada. Me atreví a sentir y fui inmensamente feliz. Y sin embargo, también lloré demasiado. Permití que mis miedos y mis inseguridades me frenaran. Creí en personas que no lo merecían. Disfruté de la vida con mis mejores amigos y reí hasta perder el aliento. Incluso volví la vista hacia el pasado e intenté dar un paso en esa dirección. No obstante, me detuve a tiempo y supe que no podía volver allí. No hay nada para mí en el pasado. Allí solo quedan los errores, las tristezas, las decepciones y las personas que me hirieron. Porque todo lo bueno no vive en el pasado, vive en mi corazón. Y, a veces, cuando abro el viejo baúl de los recuerdos, la nostalgia invade mi corazón y mi mente viaja hacia esos buenos momentos.
Sé que no soy producto de las circunstancias, sino de mis propias decisiones. Y aunque he cometido errores, soy consciente de ellos y cada día intento no repetirlos. Tengo mucho que aprender todavía. La mejor versión de mí mismo aún está por llegar. Quiero hacer tantas cosas. Quiero dejar de tener miedo. Quiero vivir. Porque aunque la vida es cuesta arriba, la vista es maravillosa. Y en la víspera de mi cumpleaños 25, quiero recordar que la vida es hoy. Después de todo, la vida también es un millón de momentos.
¿Qué hice mientras tuve 24 años?
Arriesgué mi corazón y terminé desilusionada. Puse a prueba mis talentos y fui recompensada. Me atreví a sentir y fui inmensamente feliz. Y sin embargo, también lloré demasiado. Permití que mis miedos y mis inseguridades me frenaran. Creí en personas que no lo merecían. Disfruté de la vida con mis mejores amigos y reí hasta perder el aliento. Incluso volví la vista hacia el pasado e intenté dar un paso en esa dirección. No obstante, me detuve a tiempo y supe que no podía volver allí. No hay nada para mí en el pasado. Allí solo quedan los errores, las tristezas, las decepciones y las personas que me hirieron. Porque todo lo bueno no vive en el pasado, vive en mi corazón. Y, a veces, cuando abro el viejo baúl de los recuerdos, la nostalgia invade mi corazón y mi mente viaja hacia esos buenos momentos.
Sé que no soy producto de las circunstancias, sino de mis propias decisiones. Y aunque he cometido errores, soy consciente de ellos y cada día intento no repetirlos. Tengo mucho que aprender todavía. La mejor versión de mí mismo aún está por llegar. Quiero hacer tantas cosas. Quiero dejar de tener miedo. Quiero vivir. Porque aunque la vida es cuesta arriba, la vista es maravillosa. Y en la víspera de mi cumpleaños 25, quiero recordar que la vida es hoy. Después de todo, la vida también es un millón de momentos.
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