Me equivoqué tanto cuando estuve contigo. Todavía me siento avergonzada por mis errores, pero ya no me martirizo por ellos. Nadie es perfecto en esta vida y yo siempre hice todo con mi mejor intención. Me fui porque me di cuenta que yo no hacía falta en tu vida. Te dejé porque sabía que quedarme no era una opción. Tuve que poner tiempo y distancia entre nosotros hasta que tú no hicieras falta en la mía.
Te quise mucho y más allá de eso, yo apreciaba tanto tu amistad. Por eso, me tomó mucho tiempo asimilar que no eras bueno para mí. Yo no te importaba lo suficiente. Muchas veces, me hiciste sentir cuán poco te importaba y eso me dolió. No tienes idea de cuánto dolió tu indiferencia.
A veces, te recuerdo. Hay días en que te pienso mucho, pero no te extraño a ti. Extraño la idea que tenía de nosotros. Extraño los besos y las caricias. Extraño saber que tenía (o yo pensaba que tenía) a alguien en quien apoyarme. Todo era un espejismo que yo misma creé. Una frágil burbuja que al final explotó y me dejó tan sola y desconcertada.
El tiempo ha pasado y la herida ha dejado de doler, pero todavía no ha sanado. Quizás eso sea bueno porque es un recordatorio constante de los errores que no debería permitirme volver a cometer. Una parte de mí desea que alguna vez recuerdes lo importante que fuiste en mi vida. Sin embargo, no quiero que me busques porque lejos estamos mejor. Yo tuve que tomar esa decisión por ambos y sé que no fue un error. El tiempo me ha dado la razón y no me arrepiento de haberme ido sin decir adiós.
Te quise mucho y más allá de eso, yo apreciaba tanto tu amistad. Por eso, me tomó mucho tiempo asimilar que no eras bueno para mí. Yo no te importaba lo suficiente. Muchas veces, me hiciste sentir cuán poco te importaba y eso me dolió. No tienes idea de cuánto dolió tu indiferencia.
A veces, te recuerdo. Hay días en que te pienso mucho, pero no te extraño a ti. Extraño la idea que tenía de nosotros. Extraño los besos y las caricias. Extraño saber que tenía (o yo pensaba que tenía) a alguien en quien apoyarme. Todo era un espejismo que yo misma creé. Una frágil burbuja que al final explotó y me dejó tan sola y desconcertada.
El tiempo ha pasado y la herida ha dejado de doler, pero todavía no ha sanado. Quizás eso sea bueno porque es un recordatorio constante de los errores que no debería permitirme volver a cometer. Una parte de mí desea que alguna vez recuerdes lo importante que fuiste en mi vida. Sin embargo, no quiero que me busques porque lejos estamos mejor. Yo tuve que tomar esa decisión por ambos y sé que no fue un error. El tiempo me ha dado la razón y no me arrepiento de haberme ido sin decir adiós.
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