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Una llave y un candado: Amarse a sí mismo

Su nombre es Tess. Desde niña fue independiente y jamás representó un dolor de cabeza para sus padres, ya que la palabra rebeldía no existía en su vocabulario. Cuando era adolescente tenía pocas amistades. No iba a fiestas o paseos. No tenía novio. Tess no se interesaba en esos asuntos. Ella temía decepcionar a sus padres si alguna vez mostraba curiosidad por hacer cosas que no le convenían. Ellos siempre le advirtieron sobre los peligros del mundo.

Tess veía a sus compañeras de secundaria suspirar, llorar o encapricharse por un chico. ¿Por qué no podían ser más maduras? ¿Por qué si terminaban con sus novios hacían tanto drama como si el mundo se les hubiera derrumbado? ¿Dónde estaba el sentido de mantener una relación con un chico solo para pasar el rato? Tess tenía muchas preguntas, pocas respuestas y nadie a quién preguntar. Ella creía que gracias a que sus padres le habían enseñado cuáles eran las cosas importantes en las que debía enfocarse para tener un buen futuro estaba a salvo de esas «cosas de adolescentes». No tenía ninguna prisa por encontrar el amor, pero estaba segura de que cuando lo hiciera no actuaría como lo hacían sus compañeras de colegio. Sin embargo, ¿qué podía saber ella siendo solo una adolescente como cualquier otra?

Al iniciar la universidad conoció a un chico. Tess iba a cumplir dieciocho años y estaba desesperada por probarse a sí misma, ansiosa por demostrar que podía ser tan madura como sus padres creían. Y por ese afán, cometió muchos errores.

La primera vez que lo vio fue en una fiesta. Un amigo que tenían en común los presentó. Era un chico mayor, educado y amable. Se llamaba Noah. Después de aquel primer encuentro decidieron volver a verse. Tess supo que tenía veintitrés años, era soltero y estudiaba en la universidad. Parecía no tener vicios ni frecuentar malas compañías. ¡Qué ilusa fue! Ella no buscaba un amor que le quitará el aliento o la hiciera sentir que flotaba en las nubes. Tess quería construir una relación donde ambas personas buscan conocerse, dejando en segundo plano las cursilerías y otras cosas irrelevantes para descubrir si funcionan como pareja a largo plazo. ¡Y Tess elegió a Noah! Ella admite que fue quien dio el primer paso. Ante sus cegados ojos, Noah era un hombre maduro. Parecía ser la pareja adecuada. ¡Pero no lo era! En realidad, Noah no tenía planes para el futuro.

Primera lección: La edad no define la madurez

Tess y Noah pasaban las horas juntos, conversando sobre cualquier tema. Sin embargo, de vez en cuando Noah parecía ausente e incómodo con ella. Tess estaba confundida y haciendo caso omiso a las advertencias de su conciencia aunque las cosas estaban tomando el curso equivocado. Cuando se atrevió a preguntarle a Noah sobre ellos como pareja, su respuesta fue escueta: “No quiero una relación ahora”. Tess lo entendió. No le afectaba aún la indiferencia de Noah.

Segunda lección: Mantente firme en tus convicciones

Al pasar los meses, la situación se volvió insostenible para Tess. Ella quería algo serio, no solo conversaciones y besos casuales. Si Noah no quería lo mismo, lo mejor era que ellos se alejaran. Cuando Tess le comentó su decisión, Noah dijo algo que ella no esperaba: “Quiero estar contigo”. Era el principio del fin sin duda alguna.

¿Cómo le pidió Noah a Tess que fuera su novia? Solo lo dijo y ya. No hubo palabras cursis ni sentimentalismos baratos. En ese momento, Tess se dio por satisfecha. Ella era demasiado fría y sensata para querer escuchar una declaración romántica. También era soberbia y tonta, según sus propias palabras.

Tercera lección: El amor se demuestra en los pequeños detalles

Por mutuo acuerdo Tess y Noah decidieron que no les dirían acerca de su relación a sus familias. Irían con calma y los únicos en saberlo eran sus amigos más cercanos, es decir, solo los amigos de Tess y los que tenían en común. Los amigos de Noah no estaban incluidos en la lista. La razón de esa excepción no es muy difícil de adivinar. Noah nunca les dijo a sus amigos que salía con Tess. ¿Por vergüenza? Quizás. Ellos eran una pareja tímida frente a los demás. No tenían demostraciones de afecto y nadie solía verlos juntos. Los amigos de Tess: Ryan y Elijah apoyaban su relación con Noah. Eso la hacía feliz.

No pasó mucho tiempo cuando la realidad empezó a mostrarse. Si ambos se ponían de acuerdo para una cita, Noah llegaba dos horas tarde o a veces no llegaba. Los amigos de Tess la acompañaban mientras esperaba por Noah. Al principio no se daban cuenta de lo que sucedía porque Tess justificaba muy bien a Noah. Sin embargo, después de tantas situaciones parecidas Ryan la enfrentó, diciéndole que Noah no le convenía y que no parecían estar enamorados. Ryan le pidió que lo dejara. Le dijo que ella no merecía sus desplantes. Elijah nunca dijo nada. Solo la miraba en silencio pero la impotencia en sus ojos era demasiado notable.

Cuarta lección: No se puede tapar el sol con un dedo

Ryan tenía razón. Tess ahora se da cuenta. A Noah, ella no le importaba lo suficiente o en absoluto. Cuando salían en grupo, ¿quién la ayudaba a bajar del auto? Elijah. ¿Quién se ofrecía a llevar su mochila? Ryan. ¿Quién elogiaba su apariencia? Ryan. ¿Quién esperaba el bus con ella? Elijah. Sus mejores amigos hacían todo eso y mucho más por Tess. ¿Por qué? Porque la querían. Tess era importante para ellos. La cuidaban y respetaban sus decisiones. ¿Por qué a pesar de sus desplantes Tess seguía junto a Noah? Porque le quería y creía que no era tan grave que a veces se olvidara de ella.

Quinta lección: La amistad cura las heridas que deja el amor

La falta de comunicación era otro gran problema. Podían pasar días sin que Tess supiera de Noah. Ni una llamada o mensaje. Siempre era así. A Tess le dolía su falta de interés, pero se fue acostumbrando con el tiempo. Con frecuencia, se repetía que Noah era distinto, que él no necesitaba estar siempre pendiente de ella para demostrarle su afecto.

¿Cómo se sentió Tess cuando Noah le confesó que la había engañado? Muy decepcionada. Noah no tenía veintitrés, sino veintiséis años. ¿Por qué le mintió con respecto a su edad? Ella no lo entiende aún. Noah no tenía necesidad de hacerlo. Ella habría salido con él de todas formas. Ocho años no era mucha diferencia.

Noah le contó de su vida a Tess, pero siempre hubo momentos perdidos, episodios vacíos y misterios. Cuando Tess le cuestionó sobre ellos, Noah se puso nervioso e intentó explicarse con argumentos que ella ya no creyó. ¿Eran más mentiras? Sin duda. Tess le perdió la confianza e intentó terminar la relación en ese momento, pero no fue capaz. Ella tenía miedo de estar sola porque se había acostumbrado a la presencia de Noah. Tess terminó llorando frente a él. Noah le pidió perdón y prometió ser honesto.

Noah le contó de su vida a Tess, pero siempre hubo momentos perdidos, episodios vacíos y misterios. Cuando Tess le cuestionó sobre ellos, Noah se puso nervioso e intentó explicarse con argumentos que ella ya no creyó. ¿Eran más mentiras? Sin duda. Tess le perdió la confianza e intentó terminar la relación en ese momento, pero no fue capaz. Ella tenía miedo de estar sola porque se había acostumbrado a la presencia de Noah. Tess terminó llorando frente a él. Noah le pidió perdón y prometió ser honesto.

Sexta lección: Es mejor estar sola, que mal acompañada

Las cosas nunca mejoraron. Por el contrario, a Tess cada vez se le derrumbaba más el castillo de naipes que había construido. Estaba cansada de ser la única persona que sostenía los pilares de la relación. Vivía con la incertidumbre de que en algún momento Noah la dejaría. Su indiferencia la destrozaba y pasaba las noches llorando en silencio.

Ella nunca escuchó una palabra bonita o un halago que no fuera forzado. Estar con Noah era como estar sola pero con una gran aflicción en el corazón. Tess miraba con discreta envidia a las novias de sus amigos. Ryan y Elijah se desvivían en atenciones con ellas. Esas chicas eran tan felices. Esas parejas destilaban un sentimiento tan sincero que a Tess se le oprimía el alma ser testigo de ello. Muy tarde se dio cuenta de que eso era lo que ella también quería.

Ella nunca escuchó una palabra bonita o un halago que no fuera forzado. Estar con Noah era como estar sola pero con una gran aflicción en el corazón. Tess miraba con discreta envidia a las novias de sus amigos. Ryan y Elijah se desvivían en atenciones con ellas. Esas chicas eran tan felices. Esas parejas destilaban un sentimiento tan sincero que a Tess se le oprimía el alma ser testigo de ello. Muy tarde se dio cuenta de que eso era lo que ella también quería.

Séptima lección: La inseguridad es falta de amor propio

Cuando Tess tuvo el valor de decirle a Noah cómo se sentía, que le dolía su indiferencia, su falta de afecto, que quería una palabra bonita viniendo de sus labios, Noah se puso nervioso. Trató de complacerla y se obligó a decir algo. Usó un adjetivo interesante para describirla: «simpática». Su tono era tan forzado que Tess no sabía si reír o llorar. ¿Simpática? ¿Ni siquiera era lo suficientemente atractiva para que Noah utilizara otro adjetivo? Era su enamorado y solo le parecía simpática. Fue un golpe duro para el inexistente amor propio de Tess. Tuvo que tragarse la amarga decepción.

Después de eso, Tess ya no se reconocía. Había perdido su confianza y la ilusión de estar con Noah. No obstante, ella estaba acostumbrada a la compañía y terminar con Noah significaría quedarse sola. Tess preferió seguir sufriendo en silencio con la esperanza de que Noah se diera cuenta de cómo la hacía sufrir. Pero no fue así.

Octava lección: Si es nefasto forzar al amor, mucho peor es mendigarlo

El herido corazón de Tess soportaba estoico cada maltrato. No eran golpes ni insultos, sino indiferencia en su más pura expresión. En los momentos en que Tess más lo necesitaba, Noah le decía que estaba ocupado y que no podía estar con ella. Un día, al despedirse, Tess lo besó en mitad de una multitud ¿Qué hizo Noah? La humilló. La apartó con brusquedad mirando a su alrededor con vergüenza, más preocupado por la gente que los miraba que por ella y se llevó el dorso de la mano a la boca en un amago de limpiarse. ¿Así o más cruel fue? Había semanas en que Noah no mostraba señales de vida. Tess pasaba horas mirando la pantalla del móvil esperando a que Noah se acordara de ella. Tess se sentía tan patética.

Novena lección: Si el amor no ve ni se siente, no existe o no te sirve [Walter Riso]

Aunque sus amigos fueron un gran apoyo para Tess, Ryan ya no hablaba mucho con ella. A él no le gustaba que Tess permitiera que Noah la maltratara. Prefería no verla, así no sentiría ganas de enfrentarlo y decirle a Noah todo lo que se merecía. Muchas veces Ryan le pidió a Tess que dejara a Noah. Le hizo ver lo tonta de su actitud, pero Tess era más obstinada que Ryan.

Elijah también estaba atravesando una crisis. Su novia le había roto el corazón al dejarlo por otro chico. Una tarde las manos de Tess y Elijah se entrelazaron. Al principio no se dieron cuenta, pero luego ninguno quiso apartarse. Tess sintió esperanza. Se sintió especial por la forma en que Elijah la miraba. En ese momento, no era solo su amigo, era un chico por el que se sentía atraída. Tess entendió que merecía ser amada. Elijah se lo estaba diciendo con su silencio y su mirada. Tess supo lo que tenía que hacer. Cuando sus manos dejaron de tener contacto, Elijah y Tess volvieron a mirarse y reírse de la forma habitual.

Décima lección: Aunque los amigos no estén siempre de acuerdo contigo, te seguirán queriendo y respetarán tus decisiones

La relación de Tess con Noah estaba vacía pero ella no quería sentirse fracasada. Tess no quería aceptar que nunca tuvo la madurez para aceptar una relación, menos una tan absurda donde el romanticismo y los detalles quedaban a un lado. Al fin y al cabo, era una chica sensible. Por muy fría que se mostrara, ella también quería que su pareja la viera como si fuera la luz de sus ojos, que se preocupara por ella, que le demostrara que la quería de la forma correcta.

Al principio Noah respetaba los límites de Tess, pero llegó un momento en que sus besos y caricias la hicieron sentir utilizada. Noah no la besaba con una pizca de afecto o cuidado. Tess solo era un objeto en sus manos.

Undécima lección: Toda relación requiere de reciprocidad, sin convertirlo en un contrato de: yo doy en la medida en la que me das

El período de tiempo vacacional universitario ayudó a Tess a pensar con calma en la situación. Había acordado con Noah que el semestre siguiente ellos estarían en una clase juntos. Cuando Tess recordó eso, se aterrorizó. ¿Compartir aula con Noah? ¿Estar junto a él? Tess no podía soportar esa idea. Poco a poco, sin darse cuenta, todo el afecto que Tess le tenía a Noah se había convertido en una gran aversión. Gracias a sus desplantes, mentiras e indiferencia Tess ya no se imaginaba a su lado, ni tomando su mano o besando sus labios. Ella quería ser libre de esa relación. Se sentía asfixiada.

Cuando Tess decidió que iba a terminar con Noah, le llamó para decirle que necesitaban hablar. Los días previos a la cita Tess se sintió enferma, tenía náuseas y una fuerte opresión en el pecho. Ella estaba muy nerviosa. Tess le habló con franqueza a Noah. Le dijo que su relación no estaba funcionando y que lo mejor era tomar caminos diferentes. Noah no dijo nada. Ni siquiera se inmutó. ¿Qué esperaba Tess de Noah? ¿Una disculpa? ¿Palabras de afecto? ¿Lágrimas? Ella tenía la esperanza de que Noah intentara detener su inminente despedida pero él no lo hizo. Noah aceptó su decisión y se ganó el respeto de Tess.

Antes de irse Noah le pidió a Tess que le dejara acompañarla a la calle donde tomaba el taxi para ir a su casa. Ella supo de inmediato su respuesta: “No”. Tess le dijo a Noah que ella podía ir sola y que sabía cuidarse. Cruzó la calle sin mirar atrás. Ya era libre.

Duodécima lección: Cuando Dios borra algo de tu vida es porque va a escribir cosas mejores

Esa tarde Noah le escribió a Tess más mensajes de los que nunca le había enviado en tantos meses de relación. Noah le explicaba que había salido de su estado de shock y enfrentado la realidad de que ella ya no estaba a su lado. Le pidió a Tess hablar una vez más pero era demasiado tarde.

Dicen por ahí que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Tess piensa que todos saben lo que tienen, pero nunca piensan en que pueden perderlo. Y Noah la perdió. ¿Sintió Noah de verdad su partida? Tess no lo sabe. Semanas después, un amigo en común le dijo a Tess que Noah la quería mucho. Tess no creyó en esas palabras, ya que el amor se demuestra cuando tienes a la persona a tu lado, no cuando la intentas recuperar.

Tess se sentía eufórica. Al fin, las pesadas cadenas de esa relación se habían ido. Ya no sentía dolor. Ya había sufrido lo suficiente. Todo su dolor se transformó en alivio. Ya no tenía lágrimas para llorar. Ella había decidido dejar de sufrir. Tenía la oportunidad de un nuevo comienzo. Era feliz.

Décima tercera lección: El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional [Buda]

¿Tenía Tess el corazón roto? Sí. No obstante, más que estar enamorada de Noah, ella estaba enamorada de la idea del amor. Tess se sentía tan sola que estuvo dispuesta a aceptar lo que le ofrecían sin pensarlo dos veces.

¿Cuál es la diferencia entre la actitud de Tess y la de Noah? Al menos ella lo intentó. Noah fue su primer enamorado. Ella quería que las cosas realmente funcionaran. ¿Tess cometió errores? Muchos. Ella era tan orgullosa como para admitir que necesitaba detalles románticos. Estaba tan equivocada al pensar que era diferente de las demás adolescentes. O quizás sí lo era porque ellas tenían algo que Tess no. ¿Qué? Amor propio.

Décimo cuarta lección: El orgullo podrá hacerte sentir más fuerte, pero jamás te hará sentir feliz

La carencia de amor propio de Tess cavó la tumba de su orgullo. Y eso le dolió. Si ella hubiera tenido amor por sí misma, se hubiera dado cuenta de que Noah no la valoraba ni merecía los esfuerzos que ella hacía por mantenerlos juntos. Noah nunca le fue infiel ni la maltrató físicamente, pero hizo algo igual de dañino para su relación: Fue indiferente. Poco a poco, la indiferencia mató el afecto que Tess le tenía a Noah.

¿Tiene Tess algún recuerdo de Noah? Por supuesto. Él fue una parte importante de su vida. Ellos tuvieron buenos momentos. Es una lástima que los malos hayan tenido mayor peso. ¿Recuerda el último beso? Las mujeres son tan soñadoras que Tess debería ser capaz de recordarlo. Pero no, no lo hace. ¿Y el primero? Ese sí. Aunque con el tiempo, la escena se vuelve borrosa.

¿Tess se ha perdonado? Sí. ¿Y a Noah? Al principio ella asumió toda la culpa de lo sucedido creyendo que su propia terquedad la había llevado a sufrir. Con el tiempo Tess entendió que la culpa era compartida. Ambos estuvieron en la relación y eran responsables de ella. Hasta el último momento, Noah seguía intentando comprender lo que había hecho mal para que Tess decidiera terminarle. ¿Noah lo entendió alguna vez? Tess no lo sabe. Sin embargo, ella puede asegurar que lo ha perdonado, a pesar de que nunca sabrá si su actitud fue intencional o no. Tess le desea lo mejor. Ella quiere que Noah sea feliz y encuentre a la mujer que lo complemente. Que no haya funcionado entre ellos, no quiere decir que Noah sea un mal hombre. Simplemente, no pertenecían al mismo camino.

En esa época, Tess era una chica insegura, tímida y llena de complejos. La experiencia con Noah fue muy dura, pero ella aprendió. Tess no se arrepiente de lo que vivió, ni de las decisiones que tomó. Gracias a eso, ahora es la mujer que es. Una mujer que cada día lucha por amarse más a sí misma. ¿Qué ve Tess en el espejo cada mañana? Ve a una mujer que le resta importancia a sus imperfecciones. Ve a una mujer que se acepta y disfruta resaltando sus cualidades. Esa mujer sabe que no necesita halagos para sentirse bonita.

Décima quinta lección: Aprende a decir —Me quiero— antes de decir —Te quiero

Después de esa ruptura amorosa Tess construyó muros de hielo alrededor de su corazón. Ella no quiere volver a vivir una situación parecida. El dolor y la humillación la marcaron haciéndola más fuerte, precavida y desconfiada. Tess tiene miedo de amar a alguien y que le rompan el corazón otra vez. También tiene miedo de encontrar al hombre adecuado y lastimarlo al no ser capaz de abandonar su zona de seguridad, al no poder entregarle por completo su corazón.

En el amor no hay garantías. Los sumisos dicen que solo hay que amar sin condición, sin esperar nada a cambio. Sin embargo, el amor es recíproco. Sanar un corazón herido requiere tiempo y esfuerzo. Y aún así, nunca vuelve a ser igual.

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