Hace más de tres años Sarah conoció a Nicholas y tras la primera mirada, él cautivó sus sentidos. Un breve saludo y ella quedó prendada de su bonita sonrisa. A través de su amigo Elliott, el hermano de Nicholas, ella llegó a conocerlo un poquito mejor. Sarah lo admiraba por ser quién era, un hombre lleno de cualidades con un gran corazón y un comportamiento sensato. Sarah quería ser parte de la vida de Nicholas. Quería que él fuera parte de la suya.
Sin embargo, Sarah era demasiado tímida para acercarse a él y volvía loco a Elliott preguntándole siempre sobre Nicholas. Elliott era paciente y contestaba todas sus preguntas. Le parecía muy gracioso que Sarah estuviera interesada en su hermano. Elliott sabía que sus ilusiones terminarían destrozadas y se lo advirtió un par de veces.
Sarah nunca puso demasiado esfuerzo en conquistar a Nicholas. Ella solo quería ser su amiga para tener un lugar en su corazón. Se conformaba con eso. Para ella, una chica que no tenía una alta autoestima y no se percibía con claridad, Nicholas era inalcanzable. Alguien a quien solo podía tener en sueños porque en la realidad él no se atrevería a mirarla dos veces.
Sarah idealizó a Nicholas y alimentaba sus ilusiones con cada pequeño paso que daba hacia a él. Le envió pequeñas notas y tarjetas a través de Elliott, esperando no ser demasiado obvia y que Nicholas descubriera su interés.
Cuando Sarah iba de visita a casa de Elliott anhelaba ver a Nicholas. Ella recuerda las pocas sonrisas que él le dedicó, incluso un corto abrazo que le calentó el corazón. Cada vez que Nicholas le contestaba sus mensajes, Sarah se sentía flotar en una nube. Ella creía que sus casuales conversaciones eran una muestra de que se estaban acercando. Creía que eran amigos y se equivocó. Sarah recuerda sus mensajes, las cosas bonitas que Nicholas le decía y las muchas veces que compartieron una broma y se divertían a la distancia. Sarah pensó que Nicholas era sincero y confiaba en ella. Ahora ella cree que anhelaba tanto estar cerca de él que se le nubló el juicio.
Sarah no imaginó que alguien pudiera ser tan agradable sin realmente querer serlo. Ella no encuentra otra explicación para la actitud de Nicholas. Un día sus mensajes estaban llenos de cortesía y confianza pero después no había la más mínima empatía en ellos. Si Sarah no le escribía, Nicholas no se tomaba la molestia de hacerlo. Ella siempre sintió que le incomodaba a Nicholas pero prefirió no escuchar sus propias advertencias.
Sarah se alegró por los logros de Nicholas y se sintió orgullosa de él. Estuvo pendiente de lo que sucedía en su vida y se preocupó cuando las cosas no le iban bien a Nicholas. Incluso ella hizo a un lado a Elliott para enfocarse en la creciente amistad con su hermano. Sarah se arrepiente mucho de eso.
Elliott ha sido un excelente amigo para Sarah desde el principio. La apoyó y la escuchó las miles de veces que hablaba de Nicholas. También la consoló cuando la indiferencia de su hermano la lastimaba. Elliott estuvo allí para Sarah mientras ella intentaba llegar hasta Nicholas.
Cuando Sarah le dijo a Nicholas que lo admiraba, respondió que era él quien la admiraba a ella por ser tan talentosa para el arte siendo tan joven. Sarah aún desea que al menos en eso Nicholas haya sido sincero porque ella se sintió muy feliz en ese momento. Ellos tenían muchas cosas en común y a la vez, eran tan distintos. No obstante, Nicholas era el hombre ideal a los ojos de Sarah. Sin embargo, el tiempo pasó y nada interesante ocurrió entre ellos.
Tras leves decepciones con otros chicos, la mente y corazón de Sarah siempre regresaban a Nicholas. Él estaba presente cuando Sarah se atrevía a pensar en el amor. Estaba en sus sueños, anhelos e ilusiones. Nicholas siempre estaba allí, en el pensamiento de Sarah. Él era su alegría cuando estaba triste y su motivación cuando carecía de una. Pensar en Nicholas era darle calor a su frío corazón, era ver la luz en medio de la oscuridad, era sencillamente sentir que todo estaría bien.
Cuando Sarah notó que sus sentimientos por Nicholas estaban creciendo, ella quiso salir corriendo. No se sentía capaz de enfrentar el hecho de enamorarse de él cuando ni siquiera la consideraba su amiga. Sarah se alejó y dejó de escribirle por su propio bien. No supo de Nicholas durante meses. Ella no esperaba que él le escribiera y no lo hizo. Sarah lo extrañaba un poco pero sabía que era lo mejor que podía hacer.
Sin embargo, Sarah volvió a pensar en Nicholas cuando sus amigos le aconsejaron que lo intentara una vez más. Ellos pensaron que podría funcionar. Ellos solo querían que Sarah fuera feliz. Sarah creía que aún podría ser una amiga cercana de Nicholas e iba a hacer su mejor esfuerzo para lograrlo. Y cuando estuviera lista, Sarah le hablaría de sus sentimientos. Ella no aspiraba a que Nicholas le correspondiera. Solo quería ser sincera con él y cerrar ese capítulo en las páginas de su vida. Quizás podrían mantener una relación cordial al final.
Lo curioso es que este nuevo intento de Sarah coincidió con un cambio trascendental en su propia vida. Sarah ya no era la chica que carecía de amor propio y consideraba inalcanzable a Nicholas. Ella se había convertido en una mujer que hizo a un lado sus inseguridades y tenía una percepción distinta de sí misma. Se dio cuenta que Nicholas era un chico admirable pero con defectos al igual que todos. Sarah quería la oportunidad de acercarse a Nicholas con la esperanza de que él notara que en ella podría tener a una amiga confiable. No obstante, Nicholas no pudo ver eso o simplemente no quiso hacerlo. Sarah no se rindió con Nicholas pero ya había tenido suficiente de su indiferencia.
Sarah sabe que no puede culpar del todo a Nicholas, ya que nadie puede forzar a otra persona a aceptar algo que no quiere. Sin embargo, lo culpa por su descortesía y falta de palabra. Ella le pidió un favor y a Nicholas se le hizo muy difícil ayudarla. Hubiera sido mejor que él le diera una respuesta negativa desde el inicio y no hacerle perder el tiempo. Nicholas es humano después de todo. Ahora Sarah ya no lo idealiza y se siente bien con esa decisión.
Sarah se permitió llorar por primera y única vez por Nicholas. Su corazón dolía pero era mejor que le doliera en ese momento a que le doliera para siempre. Actualmente, ella se siente libre de las cadenas de esa ilusión que la mantenían prisionera. Ya no tiene miedo de avanzar y dejar atrás el recuerdo de Nicholas. Ella entendió que él no era para ella. Lo más importante, Sarah entendió que ella no era para él. Sabe que algún día encontrará a un hombre a quien pueda entregarle el corazón y tendrá la certeza de que esperar su llegada valió la pena. Mientras tanto, la vida es hoy.
Sin embargo, Sarah era demasiado tímida para acercarse a él y volvía loco a Elliott preguntándole siempre sobre Nicholas. Elliott era paciente y contestaba todas sus preguntas. Le parecía muy gracioso que Sarah estuviera interesada en su hermano. Elliott sabía que sus ilusiones terminarían destrozadas y se lo advirtió un par de veces.
Sarah nunca puso demasiado esfuerzo en conquistar a Nicholas. Ella solo quería ser su amiga para tener un lugar en su corazón. Se conformaba con eso. Para ella, una chica que no tenía una alta autoestima y no se percibía con claridad, Nicholas era inalcanzable. Alguien a quien solo podía tener en sueños porque en la realidad él no se atrevería a mirarla dos veces.
Sarah idealizó a Nicholas y alimentaba sus ilusiones con cada pequeño paso que daba hacia a él. Le envió pequeñas notas y tarjetas a través de Elliott, esperando no ser demasiado obvia y que Nicholas descubriera su interés.
Cuando Sarah iba de visita a casa de Elliott anhelaba ver a Nicholas. Ella recuerda las pocas sonrisas que él le dedicó, incluso un corto abrazo que le calentó el corazón. Cada vez que Nicholas le contestaba sus mensajes, Sarah se sentía flotar en una nube. Ella creía que sus casuales conversaciones eran una muestra de que se estaban acercando. Creía que eran amigos y se equivocó. Sarah recuerda sus mensajes, las cosas bonitas que Nicholas le decía y las muchas veces que compartieron una broma y se divertían a la distancia. Sarah pensó que Nicholas era sincero y confiaba en ella. Ahora ella cree que anhelaba tanto estar cerca de él que se le nubló el juicio.
Sarah no imaginó que alguien pudiera ser tan agradable sin realmente querer serlo. Ella no encuentra otra explicación para la actitud de Nicholas. Un día sus mensajes estaban llenos de cortesía y confianza pero después no había la más mínima empatía en ellos. Si Sarah no le escribía, Nicholas no se tomaba la molestia de hacerlo. Ella siempre sintió que le incomodaba a Nicholas pero prefirió no escuchar sus propias advertencias.
Sarah se alegró por los logros de Nicholas y se sintió orgullosa de él. Estuvo pendiente de lo que sucedía en su vida y se preocupó cuando las cosas no le iban bien a Nicholas. Incluso ella hizo a un lado a Elliott para enfocarse en la creciente amistad con su hermano. Sarah se arrepiente mucho de eso.
Elliott ha sido un excelente amigo para Sarah desde el principio. La apoyó y la escuchó las miles de veces que hablaba de Nicholas. También la consoló cuando la indiferencia de su hermano la lastimaba. Elliott estuvo allí para Sarah mientras ella intentaba llegar hasta Nicholas.
Cuando Sarah le dijo a Nicholas que lo admiraba, respondió que era él quien la admiraba a ella por ser tan talentosa para el arte siendo tan joven. Sarah aún desea que al menos en eso Nicholas haya sido sincero porque ella se sintió muy feliz en ese momento. Ellos tenían muchas cosas en común y a la vez, eran tan distintos. No obstante, Nicholas era el hombre ideal a los ojos de Sarah. Sin embargo, el tiempo pasó y nada interesante ocurrió entre ellos.
Tras leves decepciones con otros chicos, la mente y corazón de Sarah siempre regresaban a Nicholas. Él estaba presente cuando Sarah se atrevía a pensar en el amor. Estaba en sus sueños, anhelos e ilusiones. Nicholas siempre estaba allí, en el pensamiento de Sarah. Él era su alegría cuando estaba triste y su motivación cuando carecía de una. Pensar en Nicholas era darle calor a su frío corazón, era ver la luz en medio de la oscuridad, era sencillamente sentir que todo estaría bien.
Cuando Sarah notó que sus sentimientos por Nicholas estaban creciendo, ella quiso salir corriendo. No se sentía capaz de enfrentar el hecho de enamorarse de él cuando ni siquiera la consideraba su amiga. Sarah se alejó y dejó de escribirle por su propio bien. No supo de Nicholas durante meses. Ella no esperaba que él le escribiera y no lo hizo. Sarah lo extrañaba un poco pero sabía que era lo mejor que podía hacer.
Sin embargo, Sarah volvió a pensar en Nicholas cuando sus amigos le aconsejaron que lo intentara una vez más. Ellos pensaron que podría funcionar. Ellos solo querían que Sarah fuera feliz. Sarah creía que aún podría ser una amiga cercana de Nicholas e iba a hacer su mejor esfuerzo para lograrlo. Y cuando estuviera lista, Sarah le hablaría de sus sentimientos. Ella no aspiraba a que Nicholas le correspondiera. Solo quería ser sincera con él y cerrar ese capítulo en las páginas de su vida. Quizás podrían mantener una relación cordial al final.
Lo curioso es que este nuevo intento de Sarah coincidió con un cambio trascendental en su propia vida. Sarah ya no era la chica que carecía de amor propio y consideraba inalcanzable a Nicholas. Ella se había convertido en una mujer que hizo a un lado sus inseguridades y tenía una percepción distinta de sí misma. Se dio cuenta que Nicholas era un chico admirable pero con defectos al igual que todos. Sarah quería la oportunidad de acercarse a Nicholas con la esperanza de que él notara que en ella podría tener a una amiga confiable. No obstante, Nicholas no pudo ver eso o simplemente no quiso hacerlo. Sarah no se rindió con Nicholas pero ya había tenido suficiente de su indiferencia.
Sarah sabe que no puede culpar del todo a Nicholas, ya que nadie puede forzar a otra persona a aceptar algo que no quiere. Sin embargo, lo culpa por su descortesía y falta de palabra. Ella le pidió un favor y a Nicholas se le hizo muy difícil ayudarla. Hubiera sido mejor que él le diera una respuesta negativa desde el inicio y no hacerle perder el tiempo. Nicholas es humano después de todo. Ahora Sarah ya no lo idealiza y se siente bien con esa decisión.
Sarah se permitió llorar por primera y única vez por Nicholas. Su corazón dolía pero era mejor que le doliera en ese momento a que le doliera para siempre. Actualmente, ella se siente libre de las cadenas de esa ilusión que la mantenían prisionera. Ya no tiene miedo de avanzar y dejar atrás el recuerdo de Nicholas. Ella entendió que él no era para ella. Lo más importante, Sarah entendió que ella no era para él. Sabe que algún día encontrará a un hombre a quien pueda entregarle el corazón y tendrá la certeza de que esperar su llegada valió la pena. Mientras tanto, la vida es hoy.
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