Una manzana podrida, pudre a las demás. Una persona tóxica es capaz de arrastrarte a su mundo oscuro y retorcido. Esas personas son incapaces de ser felices y buscan arruinar a los demás. En los últimos meses he aprendido a reconocer a una persona tóxica. Sin embargo, lo más difícil no es reconocerla sino hacer algo para evitar que afecte negativamente a mi vida. ¡Y hacerlo antes de que sea demasiado tarde! Por muy cercana que sea a mí, estoy en el deber de guardar mi distancia. Ya no considero que mi forma de actuar sea egoísta, más bien es una forma de mantener mi tranquilidad y bienestar. Estoy agotada de contarle mis cosas a un amigo y que al día siguiente una parte importante de mi círculo de amigos lo sepa y me exijan todos los detalles. Estoy aburrida de que ese amigo me juzgue por las decisiones que tomo o por las elecciones que hago. Me enfurece que esa persona denigre y menosprecie a mis amigos como si no tuviera sus propios defectos. ¿Qué derecho cree que tiene? ¿Por qué no...